En los últimos años, las estafas digitales evolucionaron a un punto donde ya no dependen únicamente de engaños simples o mensajes mal redactados. Hoy, muchos fraudes están diseñados con un nivel de detalle que los hace muy difíciles de detectar: correos que simulan ser de empresas reales, compradores urgentes en redes sociales o supuestos problemas con envíos.
En ese contexto, cada vez es más común que los delincuentes soliciten datos personales bajo excusas aparentemente lógicas. Entre todos esos datos, hay uno que suele pasar desapercibido pero es clave: el número de trámite del DNI. El número de trámite es un código único asociado a la emisión del Documento Nacional de Identidad. Está compuesto por varios dígitos y aparece en el DNI físico. Aunque muchas personas lo ven como un dato más, en realidad cumple una función crítica: validar la identidad en distintos sistemas digitales y organismos oficiales.
Este número se utiliza, por ejemplo, para crear cuentas en aplicaciones oficiales, validar identidad en trámites online o gestionar servicios donde se requiere una confirmación adicional. En la práctica, funciona como una segunda capa de seguridad. El problema aparece cuando este dato cae en manos equivocadas. Si alguien obtiene el número de trámite junto con otros datos básicos como nombre, número de DNI o una foto del documento, puede intentar suplantar la identidad de la persona en diferentes plataformas.
De hecho, especialistas en seguridad advierten que esta combinación de datos puede ser tan sensible como compartir una tarjeta bancaria con su código de seguridad. En muchos sistemas, el número de trámite actúa como un factor de autenticación, lo que significa que permite validar operaciones sin necesidad de presencia física. Las estafas suelen seguir un patrón bastante claro.
Primero, hay un contacto inicial que parece legítimo como un supuesto comprador, una empresa de envíos o incluso alguien que se hace pasar por soporte técnico. Muchas veces coincide con una situación real, lo que hace que la víctima baje la guardia. Luego aparece la urgencia. El estafador presiona para que la persona actúe rápido, con mensajes como “necesito validar esto ahora” o “si no respondés, se cancela la operación”.
Esta urgencia busca evitar que la víctima piense demasiado. Finalmente, llega el pedido de información: fotos del DNI, selfies con el documento o datos bancarios. En ese proceso, el número de trámite queda expuesto sin que la persona sea plenamente consciente del riesgo. Las consecuencias pueden ser serias. Con estos datos, los delincuentes pueden abrir cuentas digitales, solicitar préstamos, registrar servicios o incluso utilizar la identidad para cometer otras estafas. En muchos casos, la víctima recién se entera cuando aparece una
deuda o una operación desconocida. Esto sucede porque, desde el punto de vista del sistema, la identidad fue validada correctamente. Es decir, no hubo una falla técnica, sino un uso indebido de información real. El número de trámite es especialmente sensible porque no se utiliza en situaciones cotidianas ni debería ser solicitado por cualquier persona. Está pensado para entornos controlados y procesos específicos. Por eso, cuando se expone, pierde su función de seguridad.
Para reducir riesgos, hay algunas prácticas clave. En primer lugar, evitar enviar fotos completas del DNI a desconocidos o por canales informales. Si por algún motivo es necesario compartirlo, es recomendable ocultar el número de trámite. También es importante desconfiar de pedidos realizados por WhatsApp o redes sociales, especialmente si incluyen urgencia o presión. Las entidades oficiales no suelen solicitar este tipo de información por esos medios. Verificar la fuente siempre es fundamental.
Antes de compartir cualquier dato, conviene confirmar que la persona o empresa sea legítima, revisar direcciones de correo y analizar si el pedido tiene sentido. Hoy, el DNI no es solo un documento físico. Es una pieza central de la identidad digital. Cada dato asociado cumple un rol dentro de sistemas que permiten validar quién sos y habilitar operaciones. Por eso, proteger esa información es tan importante como cuidar una contraseña o una tarjeta bancaria. En definitiva, el número de trámite del DNI es un dato crítico que no debería compartirse sin control.
Puede parecer un detalle menor, pero en manos equivocadas puede convertirse en la puerta de entrada a fraudes complejos. La recomendación es la siguiente, si no es un canal oficial y seguro no lo compartas. Y ante cualquier duda, siempre es mejor detenerse y verificar antes de actuar. Si hay algo que queda claro en todo esto, es que el problema ya no es solamente tecnológico, sino humano. Los sistemas pueden ser cada vez más seguros, pero siguen dependiendo de algo básico, la información que nosotros mismos entregamos. El número de trámite del DNI es un buen ejemplo de eso. Fue pensado como una capa extra de protección, pero en la práctica termina siendo un punto débil cuando no se entiende su valor real. Y ahí es donde los atacantes encuentran ventaja y no necesitan hackear sistemas complejos si pueden obtener los datos directamente de las personas.

Fuente: Ing. Leandro E Santos. Mp: 22875470 - Esp. Ciberseguirdad.
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