
El trabajo no es una mercancía con la que se pueda comerciar en los mercados buscando el mejor postor; los trabajadores son seres humanos con derechos, necesidades y aspiraciones. Las instituciones del trabajo deben velar para que vaya acompañado de libertad y dignidad, de seguridad económica y de igualdad de oportunidades.
El ODS Nº 8 tiene como fin “promover el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno productivo y el trabajo decente para todos”.
Trabajo decente y crecimiento económico es una iniciativa orientada a apoyar, incentivar y promover el trabajo con una remuneración acorde a las funciones que una persona ejerce y hacer que el producto bruto interno (PBI) sea mayor. Crear empleos de calidad continúa siendo uno de los mayores desafíos para la economía global, y no solo en países de renta baja. Un crecimiento económico inclusivo no solo pasa por el aumento de la productividad laboral y la reducción de la tasa de desempleo, además, el trabajo decente es un detonador de crecimiento porque, tiene que satisfacer las necesidades básicas de los ciudadanos, el trabajo decente logra vincular a las personas dentro de la sociedad.
Trabajar no garantiza disfrutar de una vida digna, por lo que resulta fundamental impulsar empleos decentes que ayuden a las personas a salir de la pobreza y disminuyan las desigualdades. Pese a que se puede asegurar que la proporción de la población mundial que vive en la pobreza extrema ha disminuido en los últimos años, las estadísticas mostraban que un 8% de los trabajadores empleados de todo el mundo y sus familias vivían en la pobreza y que a nivel internacional, alrededor de 24,9 millones de personas estaban sometidas a trabajo forzoso, es decir, a trabajar bajo amenazas o coacción.
Debemos pensar en un programa centrado en las personas para que el futuro del trabajo fortalezca el contrato social, situando a las personas y el trabajo que realizan en el centro de las políticas económicas y sociales y de la práctica empresarial. Este programa debe asentarse en tres ejes de actuación, que combinados entre sí generarían crecimiento, igualdad y sostenibilidad para las generaciones presentes y futuras:
Invertir en las capacidades de las personas brindará la oportunidad de que se puedan realizar plenamente y lograr el tipo de vida que anhelan de acuerdo con sus valores. Esa inversión es la piedra angular de un contrato social revitalizado que va mucho más allá de la inversión en capital humano, abarcando dimensiones más amplias del desarrollo humano.
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También habría que aumentar los fondos a Instituciones defensoras del trabajo digno con el propósito de compensar la asimetría inherente a la relación entre el capital y el trabajo, y garantizar relaciones laborales justas y equilibradas. Estas medidas constituyen elementos básicos de las sociedades justas y comprenden, entre otros, la legislación, las organizaciones de empleadores y de trabajadores, los convenios colectivos y los sistemas de administración del trabajo. Sin el desarrollo de estas capacidades institucionales, no se podrán desplegar plenamente las capacidades de las personas. El cumplimiento del contrato social depende de ellos. Pese a que los principios que fundamentan el contrato social son universales, su cobertura no es aún lo suficientemente inclusiva. Esta transformación profunda podría marcar la vida laboral de los jóvenes que ahora ingresan en los mercados de trabajo. Lograr un diálogo inclusivo significa atender, por un lado, a las diversas realidades de las empresas, los lugares de trabajo y las comunidades locales y, por otra, cruzar fronteras para reflejar las dimensiones internacionales de los debates y las ventajas del intercambio fecundo de ideas.
La OIT debería crear un laboratorio para la innovación en materia de tecnologías digitales que preste apoyo al trabajo decente. Este laboratorio se ocuparía de dirigir y facilitar la adaptación y la adopción de tecnologías para dar respaldo a los empleadores, los trabajadores y los servicios de control de las condiciones de trabajo, y proporcionaría formación y asistencia sobre los modos de analizar y utilizar los datos recopilados. Un camino de desarrollo productivo más creativo y mejor orientado podría corregir el hecho de que haya una inversión tecnológica excesiva para el consumo y poca para resolver problemas pendientes de la humanidad; podría generar formas inteligentes y rentables de reutilización, re funcionalización y reciclado; podría mejorar la eficiencia energética de las ciudades. La diversificación productiva da amplísimas posibilidades a la inteligencia humana para crear e innovar, a la vez que protege el ambiente y crea más fuentes de trabajo. Esta sería una creatividad capaz de hacer florecer nuevamente la nobleza del ser humano, porque es más digno usar la inteligencia, con audacia y responsabilidad, para encontrar formas de desarrollo sostenible y equitativo, en el marco de una noción más amplia de lo que es la calidad de vida. En cambio, es más indigno, superficial y menos creativo, insistir en crear formas de expolio de la naturaleza sólo para ofrecer nuevas posibilidades de consumo y de rédito inmediato
Ing. Juan Páez Núñez
Presidente de APIE
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