
Muhammad ali, un icono del siglo xx, murió el 04 de Junio a los 74 años
El hombre nacido como Cassius Marcellus Clay, y rebautizado cuando se convirtió en musulmán, fue enorme también por su lucha por los derechos humanos y sociales de la raza negra. Sus duelos con George Foreman y Joe Frazier fueron memorables.
La noticia se esperaba para cualquier momento y desde hace años. Se sabía que era un prisionero de lujo en la cárcel, que el mal de Parkinson había construido en su propio cuerpo desde los tiempos finales de su carrera, y que actos tan naturales como el hablar y el respirar le significaban una proeza. Se había ido a vivir a Phoenix (Arizona) en la inteligencia que el clima seco abriría sus pulmones exhaustos. Pero el esfuerzo fue en vano. Cuesta pensarlo, cuesta admitirlo y cuesta aún más escribirlo. Pero ayer a los 74 años, murió el Más Grande, Muhammad Alí. Uno de los mejores boxeadores de todos los tiempos. Acaso, el más grande de todos los deportistas de la historia. Un ícono del siglo 20.
Cuando el 19 de julio de 1996, a pesar de la rigidez de sus gestos y de sus manos temblorosas, Alí fue capaz de encender la llama olímpica de los Juegos de Atlanta, el mundo lagrimeó emocionado. Aquel muchacho de vitalidad desbordante, aquel boxeador que había emparentado la dureza de una disciplina terrible con lo más refinado del arte y que había dado lecciones de coraje sin par, aquel hombre que recorrió el mundo para exponer y defender sus convicciones personales, aquel que dijo ser el Más Grande y vivió para serlo, terminó siendo una sombra de sí mismo. La vida de Alí se fue apagando de a poco, atrapada en los laberintos del mal de Parkinson. Su legado vivirá para siempre como un ejemplo de lo que un deportista es capaz de hacer cuando nada vale más que su inmensa voluntad de triunfo.
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