CREAN UN BIODIGESTOR DEMOSTRATIVO PARA PROVEER DE BIOGAS A ESCUELAS RURALES
Se trata de una herramienta didáctica concebida para que alumnos de escuelas rurales primarias puedan experimentar la producción de energía renovable a través de la fermentación anaeróbica de residuos orgánicos. El proyecto compite en la categoría de Diseño Industrial del Concurso Innovar 2012.
“No solucionamos el problema de la escasez de energía dando más energía a los que la usan mal, sino enseñando a que ésta se use adecuadamente. No estamos viviendo una crisis energética, sino una crisis de energía educativa”.
Estas breves pero sabías palabras, extraídas del libro El Camino de la Biodigestión, definen a la perfección el proyecto de María Schmukler. Ella es una joven diseñadora industrial que, a modo de trabajo final para recibirse en la Universidad Nacional de Córdoba, desarrolló un biodigestor demostrativo para ser utilizado en escuelas rurales.
El proyecto –que fue diseñado con la co-tutoría del INTI Córdoba– fue pensado, en realidad, como una herramienta didáctica con la que tanto los alumnos, como sus maestros y familias, puedan aprender cómo producir biogas a partir de sus propios desechos orgánicos.
El diseño consiste en varios subsistemas que permiten la generación del combustible. En primer lugar, un sistema biodigestor que, como explicó la diseñadora Schmukler, “funciona como un contenedor herméticamente cerrado en donde se produce una digestión anaeróbica de los residuos orgánicos”.
Este tiene una capacidad de 10 litros y para comenzar a utilizarlo se debe rellenar con materia orgánica y agua. Los residuos pueden ser “tanto de origen vegetal como animal, y mejor aún si ya están en proceso de descomposición, para que la acción de las bacterias ya esté iniciada”, recomendó la diseñadora. Una vez lleno, el biodigestor se cierra herméticamente con una tapa a rosca y comienza el proceso.
Durante un período de 30 días aproximadamente, en ese entorno carente de oxigeno, las bacterias anaeróbicas comienzan a digerir el residuo y a producir moléculas de biogas.
Sin embargo, para que este proceso se produzca adecuadamente es necesario tener ciertos cuidados, como controlar la temperatura y mezclar todos los días la materia. Para esto último, el biodigestor posee un agitador que, gracias a sus paletas helicoidales, sirve para mezclar las distintas capas de materia y romper posibles costras.
“Al igual que la digestión en el cuerpo humano, que necesita por lo menos 37 º para producirse, la biodisgestión también se produce a una determinada temperatura”, comentó Schmukler. “Para que las bacterias mesofílicas trabajen, se requiere un rango de entre 10 a 37 °C. Estos son un tipo de organismo más estables y adecuados para trabajar con biodigestores de pequeña escala y bajo costo para el sector rural”, agregó.
Además de un termómetro para medir la temperatura interna, el biodigestor posee un subsistema térmico. Este funciona como un colector de energía solar, mediante una lámina interior de tela silver que atrae la luz del sol. “El sistema se abre cuando hay sol, captura y condensa los rayos, levantando la temperatura interna del biodigestor, la cual no debe superar los 40 º. Si el calor es muy intenso o si se nubla o se larga a llover, el sistema se pliega y mantiene la temperatura interna, impidiendo que haya cambios bruscos de temperatura”, aseguró la joven.
El subsistema térmico se compone, además, de una capa intermedia de fieltro que, al cerrar la estructura, aísla al biodigestor de los cambios de temperatura, y de una capa externa de tela impermeable que lo protege del viento y de la humedad.
A medida que las moléculas de biogas se van produciendo dentro del biodigestor, estas se empiezan a expandir y fluyen a través de una manguera hacia un gasómetro, tras pasar por diversos sistemas de seguridad y purificación. El gasómetro será el encargado del almacenar el combustible y, al pasar 30 días, cuando ya se ha producido la digestión completa de la materia orgánica; se podrá utilizar el biogás abriendo una llave de paso para generar una llama mediante un mechero.
“Asimismo, toda la materia que ha quedado en el biodigestor puede retirarse y utilizarse como fertilizante orgánico. Entonces, sirve para abonar el suelo y las huertas de las escuelas rurales”, afirmó la diseñadora.
Con respecto a la capacidad de producción, Schmukler aseguró que esta “dependerá de la cantidad de carga introducida, la composición de la carga y si hace calor en el exterior. Por eso, se recomienda llenar el biodigestor y comenzar usarlo en primavera cuando las temperaturas empiezan a subir. Sin embargo, hay distintos factores que hay que tener en cuenta y, justamente, por eso es tan importante enseñar cómo utilizarlo antes de repartirlo en las escuelas”.
Acerca de este último punto, la diseñadora resaltó que, “para el correcto uso del sistema, son fundamentales la experimentación y la capacitación a través de un Manual de Educación Ambiental (que será entregado en las escuelas junto al biodigestor), así como el trabajo conjunto de los alumnos y maestros, y también de las familias”.
El proyecto del biodigestor demostrativo –que actualmente está en etapa de maqueta funcional– se inserta en el marco del programa “Energía Educativa”, cuyo principal propósito es acercar la educación ambiental y promocionar la energía renovable producida mediante biodigestión a la comunidad educativa y a las familias agropecuarias.
A largo plazo, una vez experimentada la biodigestión en las escuelas rurales, la idea es armar una Red de Acción Tecnológica constituida por el INTI, el INTA y diversas universidades de la región, que apoyen y asesoren tecnológicamente a cualquier escuela o familia rural que quiera construir un biodigestor propio para aprovechar su residuo y producir biogas.
Mi Club Tecnológico
NOTA: Más información en APIE Informa Nº 24 – mes de Agosto de 2012.
La Dirección
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